Eran aproxidamamente las 9 de la mañana de un caluroso domingo, cuando Jenny y Andrés llegaron al muelle de salida
de pequeñas embarcaciones en la ciudad fronteriza de tabatinga. Una maltrecha casa flotante los esperaba, era en el
lugar más bajo del puerto donde se encontraba la "agencia" y donde abordarían el bote hacía Benjamin Constant. Al llegar
a esta balsa viviente de madera vieja y perfumada, un natural de la zona con una bermuda color rosa y sin camisa se
cruzó en su camino, les hizo un par de preguntas y los llevo directamente a la ventanilla, donde minutos mas tarde
adquirieron los tiquetes de ída hacía esta aventura por el rio amazonas a bordo de una humilde embarcación
amaderada cubierta con un roído plástico reciclado color azul y un motor de baja potencia que navegaba bajo el nombre
de "barbarinha dos meus olhos".
La módica suma de 28 reales fue el costo de los pasajes hacía este particular paraje, como había que completar el aforo
total de la embarcación que calculo era de unas 15 personas aproximadamente aparte de la tripulación, ellos decidieron
subir las escaleras hacía el malecón para comprar un par de chocolates, cigarrillos y repelente, insumos necesarios para
el camino. Subiendo por estas escaleras de un descascarado concreto corroído por la subida del rió, la humedad y el
combustible fugado de las embarcaciones, Jenny observaba asombrada una realidad que hasta ahora desconocía.
Estaba claro que no era lo que conocía por medio de libros y documentales sobre el brasil. Infantes menores de 10 años
trabajando destripando pescados sobre un mosquero infernal, rebuscando entre el material orgánico de
la plaza algún bocado sobreviviente que calmara el fuego estomacal, adolescentes descalzos y a pleno rayo de sol
cargando bultos de pescado y demás mercancía procedente del Perú, ancianos olvidados
en situación de extrema pobreza echando cuentos al aire con la esperanza de conseguir alguna moneda, pero la mayor
de las veces sin éxito, hombres y mujeres en edad adulta totalmente ebrios y drogados soplando su tiempo y energía
en la blanca medicina que habita toda esta marginada zona. Más estremecedor no podía ser.
La escena era realmente angustiante y cada segundo que ellos pasaban en ese lugar los afligía más, a donde quiera
que observarán divisaban escenas salidas de una enciclopedia sobre la miseria de la humanidad, entraron a un sucio
y pequeño minimercado y alli compraron sus insumos, jenny se encontraba realmente contrariada, durante esos 10
minutos que durarón dando vueltas y digeriendo esa cruda porción de rancía realidad, ella se sentía como una gran
lente de una camara de video captando en HD cada gota de este extraño paisaje de gente invisible, olvidada, relegada
mientras esperaban el sonar del motor 1.5 yamaha que anunciaba la partida hacía otro pueblo rivereño que
muy posiblemente sería de la misma naturaleza al sitio en el que se encontraban.

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