lunes, 18 de mayo de 2015

doce y cincuenta y seis

....Abrió los ojos, pestañeo un par de veces, blanco, un blanco incolume se abria sobre sus pupilas, llevo su cerrada mano derecha hacia la superficie de su reseca boca, abrió 90 grados sus partidos labios y arrojo un largo bostezo, segundos después una corriente de aire entro decididamente por su cavidad bucal desviándose estrepitosamente hacia sus fosas nasales lo cual causó un accidentado remolino mezcla del aire saliente y entrante que le hicieron estornudar galaxias de saliva espesa y baba espumeante.
 
Esos fueron los últimos movimientos respiratorios de Juan, agonizó en su cama mientras el aire, el irresponsable aire causante de nuestro proceso de supervivencia, si, ese mismo, le jugaba la más pesada de las bromas, al tiempo que aquella insípida pared blanca se alejaba cada vez mas de él como un ascensor sin freno subiendo a la estratosfera de Urano, el sudor se acumulaba bajo el pliegue de sus parpados y desde el cono de sus orejas resbalaban húmedos restos de agua salada que mojaban su almohada, sus fosas nasales palpitaban aceleradamente y la presión sanguínea fluía desaforadamente por sus canales intravenosos como si está estuviera huyendo de algo, de sus propios anticuerpos, de alguna reaccion alérgica, tal vez hacia el mismo Juan.
 
Según el Doctor Cano, el joven permaneció en estado inerte durante 15 minutos con 38 segundos y medio. El joven nunca supo que había pasado con él durante ese lapso de tiempo, pues suponia que todo era un sueño, un largo y ácido sueño . Al despertarse contemplo a su madre recostada sobre la camilla orando, y a su lado trapo; su criollo amigo cuadrúpedo que lo acompaño desde la niñez, el cual debía dicho sobrenombre a su desprolijo pelaje que a menudo atrapaba chicles masticados, polvo, migajas, insectos, agua de charco y uno que otro estornudo de su dueño...

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