lunes, 18 de mayo de 2015

13 : 09


Esa tarde yo me encontraba como de costumbre en casa, dando vueltas de un lado para otro, iba a la sala, me acomodaba en el sofá y buscaba la forma perfecta para recostarme, luego paseaba en el patio, tomaba sol, iba a mi espacio, buscaba algo de comer sin éxito como era habitual y me acomodaba en el viejo almohadón de plumas, bebía algo de agua para mojar mi lengua, y clavaba mi mirada en el reloj de pared colgado sobre el corredor contiguo a mi solar, lo miraba detenidamente, estaba embelesado, me encontraba como en un estado de trance y cada segundo me sumergía más en el ir y venir del péndulo que colgaba de esa horrenda creación . Sus ojos siempre me inquietaron, yendo de aquí para allá al son de ese infernal tic, tac, tic tac, sin embargo lo que mas me mantenía intranquilo era el vaivén de esa prístina cola que me desafiaba balanceándose de un lado a otro sin ningún tipo de control, algunas veces me perdía horas en ese apéndice, emprendía un interminable viaje hacia mis vidas pasadas cuando no tenía que andar en cuatro patas ni rebuscando migajas del piso, siguiendo el compás de ese barato y ordinario artilugio de pared .
Mi vida digamos que no era muy divertida cuando estaba en casa, ahora, cuando salia con la familia al parque o a la calle a hacer algún mandado, era a otro precio, tenia total libertad para correr, mear postes, esquinas y jardines, ladrarle a esas bullosas y apresuradas maquinas de cuatro patas redondas, asustar a los niños, beber agua de charcos, masticar cualquier tipo de alimento o prospecto de alimento que encontrase, revolver mi hocico entre la ceniza de las colillas, socializar con otros de mi especie, desafiar al mundo cagando sobre el anden y pasear mis trompas sobre los anales de mis cachorras, esta ultima de mis actividades favoritas.
Como les contaba, el condenado esperpento marcaba las 14:25 de la tarde cuando de repente escuche de golpe un ruido proveniente del cuarto de mi dueño, en ese momento termino el sueño lucido que me encontraba viviendo  y tuve que dejar de vigilar la cola de ese desagradable pedazo de obra de arte producto de quien sabe que demente y solitario postmodernista. Me apresure a correr hasta la alcoba de mi amo. Lo ví como nunca antes lo había visto, sus ojos parecían dos escapistas a punto de huir de su rostro, su cara estaba lavada en sudor y de pronto atisbe fijamente un ademan que empezó mostrándome algo de desagrado y termino con una cruda expresión de desgano mientras su pálido rostro se desvanecía manifestando una locucion incomprensible para mis oídos, ví pasar toda esta escena sobre mi en un lapso no superior a 5 segundos hasta que finalmente cayó desmayado sobre su cama no sin antes soltar una ultima expiracion de aire contenido con espesa saliva traslucida.
Ustedes se preguntaran, o bueno quizás no se lo pregunten, pero responderé a esto porque soy un perro, que absurdo es esto, como un animal que no soy no razono y no sé lo que ustedes piensan y en fin hago lo que me viene en gana porque es mi blog y además estoy esstrenando. Como decía, ustedes se preguntaran, que hice yo al respecto, que podria hacer un trapo como yo frente a esta angustiosa situacion?. Si, adivinaron, lo unico que podria hacer cualquier otro de mi especie, me acerque a Juan, lo lami varias veces, lami su saliva dispersa sobre el piso de la habitación, y al ver que no reaccionaba ladre, ladre mucho mientras me revolcaba sobre el suelo de la alcoba de mi amigo, ladre con tal ahínco y fuerza que por fin durante unos minutos deje de escuchar en mi cabeza ese bellaco sonido proveniente del corredor contiguo a la habitacion de Juanes. Ladré y me retorcí tan desesperadamente que no me percate que me había ensuciado mi fino pelaje con mis propias babas y con la saliva de juan que se mezclaba con las migajas de comida que habían sobre la baldoza y el polvo que despedían los muebles de madera que mi dueño nunca limpiaba.
 
 
Al rato, llego Don Jacobo, el dueño de la casa, ni se percató del desastre que estaba hecha mi apariencia, yo creo que era porque en medio de esa escena mi pelo combinaba perfectamente con el muladar de habitación que tenia juan, estaba perfectamente camuflado,  Jacobo vivía en el piso de arriba y al escuchar mi insistencia, bajo al primer piso, abrió la puerta, entro y sin mediar palabra me acaricio el pelo y saco su teléfono celular, (no sé a quién diablos llamo en ese momento pues soy un perro y no comprendo el lenguaje humano, solo decodifico emociones) pero el caso fue que a los pocos minutos llego una de esas estruendosas maquinas que tanto aborrezco iluminando la casa con sus ojos vidriosos y gimiendo a grito herido un desgarrador ruido, no sé qué paso por el afán y la confusión del momento pero en menos de dos minutos ahí me encontraba yo, asustado sentado al lado de don Jacobo, en una especie de cuarto lleno de jeringas, maquinas, luces, gasas, tanques de oxigeno y no se que más vainas raras.  Juanito estaba recostado sobre una cama con los ojos cerrados y al frente mío yacía un enfermero tratando de reanimarlo haciendo todo tipo de maromas. El ambiente no era para nada estático ni mucho menos calmo, no lograba concentrarme en nada, todo era extraño en demasía para mí, solo trataba de buscar el equilibrio perfecto y mantener la calma para no sentir esa nausea canina que se adueñaba de mi lentamente, en esos momentos creo que realmente extrañe el perturbador sonido del minino de porcelana y logré entender la bondad del efecto anestésico que ese simple objeto causaba en mí.

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