lunes, 18 de mayo de 2015

desórdenes frescos

Ella y yo eramos una rara combinación, rebobinando un poco la cinta, cinco años atrás jamás se me hubiera ocurrido
enredarme con una mujer como ella, mis anticuados prejuicios y oxidadas formas de concebir la belleza y lo humano
me hubieran de seguro imposibilitado cualquier acercamiento con este extraño ser. Pero, lo real, es lo que sucede en
el plano físico y no tanto en la mente de las personas, así que no se porque extraña lotería, azar o como quiera que
se le llame a este extraño funcionamiento que domina y mueve el andamiaje social, ella llego a mi vida.
Recuerdo la primera vez que la ví, de entrada, me cayó como un balde de agua fría, una sonrisa de oreja a oreja
y un tono de voz un tanto complaciente, que espécimen tan particular es este, era parte de mi dialogo interno. Divise
en una de sus morenas pantorrillas un tatuaje de una pluma y un tintero con una leyenda en letra cursiva que no alcance
a descifrar, esa pluma quijotesca muy bien dibujada me llamo la atención, pues podía entrever que detrás de ese
atuendo indigena pseudo hippie post moderno new hipster, había alguien con recorrido literario o artístico a lo menos. Sin
embargo su actitud tan risueña y amable no me caía nada bien, así que esos primeros dias de convivencia laboral hacía
lo posible por apartarme de esa buena energía que desplegaba hacía todas direcciones.
Yo siempre fui un poco más inclinado hacía la crítica y el humor negro, por eso talvez era un poco malhumorado y a la
defensiva con la gente que acababa de conocer, me fastidiaban los ortodoxos, no soportaba a los fanáticos y menos a
los modernillos con infulas de artistas, me repuganaban y no solo en este tema sino en todos. Religión era un tema que
era prohibido desde mi hipotálamo, no me interesaba tratarlo ni mucho menos discutirlo, sobre política siempre me
gustó debatir y hacer algunos ejercicios pero estaba tan hastiado de esas reflexiones sin ningún resultado concreto, así
que en estos últimos días estaba dedicado a escudriñar libros de sociología y a entregarme a discusiones mundanas y a
abrirme al conocimiento de nuevas culturas.
Pues bien, la señora está era una literata de una universidad pública al oriente del país, claramente encajaba con la
categoría mental con la que la había etiquetado en el momento en que la conocí, eso explicaba su rara vestimenta,
su trenza campesina, sus coloridos accesorios de culturas indígenas y por supuesto su forma de caminar, la cual me
causaba mucha gracia pues era un estilo como de alguien con autoridad y decidido pero al mismo tiempo era
disperso como si no supiera para donde iba pero con afán por llegar rápido, esta forma peculiar de trasladarse se
complementaba con un ultimo detalle, ella arrastraba la suela de sus zandalias cada cuatro o seís pasos creando un
sonido fastidioso pero rítmicamente adictivo.
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