....pensar, nooo, para qué?, solo escribir.... sin ningún tipo de filtro, como una maquina de escribir automáta, algo se
mueve por acá y pone en marcha el misterioso engranaje, algo se está cocinando?, una llave aquí mal cerrada, inclina
la polea hacía la izquierda, se genera un efecto dominó sobre las pestañas que recubren la rueda, así funciona, una cosa
sin mucha dirección lleva a la otra, causaefecto, la maquina se ha echado a andar, no sabes cuando ni de que manera se
ira a detener, mucho menos la intención ni el posible resultado. Se constituye como un cliché en un sentido totalitario,
algunas veces suelen haber variaciones pero en esencia son los mismos elementos propiciando el antiguo y repetido
ritual, es como si te quedaras enfrascado con las típicas piezas que fundamentan esta actividad, tenés los ingredientes,
ahora mira aver para donde vas.
Algo de chopan por acá, dos cucharadas de wagner, unas gotas de verdi y podes empezar a jugar con toda suerte
de compositores de musica de cámara, eres libre, cohibidamente libre pequeña liebre, corre a tus anchas por el verde
y el gris que te ofrezco, pero no podes pasar de la frontera, de lo contrario tendre que extralimitarme en mis acciones.
Siempre debe haber un cenizero cerca pues la ceniza antes de evaporarse completamente deja un rastro de ciegas
palabras en el aire, hay que guardarlas como a un tesoro, para esto el cenicero, ellas mas adelante te lo agradeceran y
de seguro tu a ellas, el mágico recipiente donde queda el residuo de tus inhalaciones resilientes, es el tintero del vicio.
Tu porcíón de cáncer portátil que no puede faltar, es prácticamente una de las materias primas que te permitirán
emprender este viaje, un antiguo y crucial cliché. Finalmente y no menos importante, un vaso con agua para humedecer
las palabras que se regurgitan en las paredes de la laringe, por ahora no precisas nada más.
Aquí empieza realmente la aventura, le soltás la cuerda a esta embarcación, dejas el muelle atrás, el mundo ahora no
es suficiente para tí, en este punto tenés dos opciones, zarpar timídamente o hacerlo con convicción, no recomiendo
ninguna de las dos, prefiero dejarlo al azár del momento, empiezas a ver como cambia el paisaje, no sabés realmente
quien comanda la nave, a ratos, el timón es operado por aquel grisesito con infulas de conocedor, fluye la canoa por
tranquilas aguas que arrastran tus vivencias, se abren y cierran canales de luces liquidas que iluminan el oculto trecho por
el cual eres transportado, no tenés certeza de nada, de absolutamente nada, solo confías en tu engañoso capitán al
mando.
Por momentos la marea se agita, te ponés nervioso, tomás un trago y sudas algo de etilíco con sabor a desesperanza,
en este punto es necesario hacer maniobras arriesgadas que este arrugado gordiflón no esta en capacidad de hacer,
aunque su terquedad lo lleve a creer que si tiene el conocimiento para enfrentar este desafío. Realmente, la marea se
combate a sí misma, es decir, que llego el turno del tripulante que hasta ahora solo contemplaba impávido el viaje sin
pronunciar palabra, entra en escena este misterioso órgano ventricular, con toda su emoción y toma el control de la nave
o por lo menos eso cree, circulan líquidos aceleradamente por sus conductos, la maquina hace unos giros sobre su eje,
salta y vuelve a caer, la proa se zambulle y la popa casi que toca el sol, remolinos zigzagueantes se abren sobre su
camino, llueven hojas escritas con nitrógeno, el anfitrión juguetea con su invitado y entre una y otra marejada caprichosa,
las letras empiezan a sucumbir mojadas de silencio y oxigeno.
Una banda marcial de olas encrespadas y vientos azucarados, golpean la embarcación desiquilibrando la cabina de
mando, depronto una voz dice:
- Este tipo no se toma nada en serio.
Su pulso se acelera fervientemente y corrientes insaciables de aceite con agua se adueñan de sus infelices receptores,
su piel torna de un color rojizo, sus arterias se contraen y expanden velozmente de forma tal que cae presa del
pánico y estalla en llanto angustioso, aferrado a la maquina, hiperventila excitado hasta que sus cavidades contraen
el dolor agonizante e impavidamente su ser se abalanza ferozmente contra la vieja olivetti color naranja, como espadas
rasantes sobre sus victimas en una noche de azotes pecadores, caen unos tras de otros, sin ningún orden ni jerarquía en
particular, es como una tormenta inminente de anulares, indices y pulgares que se despeñan sobre esta superficie
irregularmente equilibrada que conjuga tus viajes.
Alguien debe tomar el control de este desastre, el gordo arrugado mira asombrado con desdén, y dialoga consigo mismo,
buscando posibles soluciones, escudriñando las razones por las cuales todo se ha convertido en este insensato collage de
imágenes arbitrarias sin sentido, analiza la situación, observa detenidamente a su intranquilo compañero de flota que
agitado va de un lado para otro, manipulando la dirección sin contemplaciones y riendo a carcajadas, sin ningún temor ni
respeto por el orden natural de las cosas, si es que las tienen. Este tipo se harta de esta cuestión y después de una
auto disertación razonable decide abalanzarse sobre este enfermo, pero justo en el momento en que lo va a hacer,
aparece una sombra en la cabina de la embarcación y se escuchan unos pasos que se aproximan con sigilo, ambos
quedan estupefactos y a la espera de quien va a aparecer por esa compuerta de entrada. La lluvia de letras no cesa, los
vientos nauseabundos que vienen del norte traen sus miserias a este punto donde se encuentran, el mar se calma por un
par de segundos, un fuerte relampago cae a pocos metros de la maquina, el cielo y la tierra se fusionan en un halo de luz
incandescente que ciega toda esta absurda escena...
La olivetti naranja del 77 mojada aún funciona, pero esta vez una mística fuerza es la que la acciona dejándonos como
producto final tres puntos remanentes.

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