lunes, 18 de mayo de 2015

Póker Capitulo I

Sagradamente, todos los viernes a las 5:30 se aparecía por esa puerta multicolor Don Fernando Builes, con su pantalón caquí en dril, zapatos de charol, camisa a cuadros perfectamente planchada, gafas tipo piloto, su frondoso bigote grisaceo y por supuesto su boina estrella roja. Caminaba tranquilamente hacia la caja con una mano sobre su cinturón, usualmente sacaba un billete de $20.000 que se perdía al llegar a esa ventana blindada de miradas, y se retiraba a las maquinas de su izquierda.
Al cabo de unos minutos, Clara, Marlén o dependiendo la chica que estuviera de turno, pasaba con una bandeja y le ofrecía un whiksy en las rocas y una porción de almendras con uvas pasas al tiempo que le dejaba al lado un recipiente con el equivalente a su billete en cobre, ruidosas e infectas monedas de baja denominación. Y aquí empezaba de nuevo la ceremonia de siempre, primero,  empapaba sus labios y el mostacho de paso, en aquel destilado, tomaba unas cuantas almendras en su mano izquierda mientras la otra mano la dejaba libre para maniobrar, era como una maquina activando otra maquina, tenía tal agilidad en ese brazo y tal coordinación con el cerebro que con esa misma mano, iba soltando una a una las monedas sobre el orificio de entrada a un ritmo asombroso y con sus aplanados dedos golpeaba los botones que definían su suerte.
Voy a referirme de la ultima vez que lo ví, yo era un chico y solía frecuentar estos sitios, bueno, en especial este casino, pues aparte de jugarme unas monedas, mi motivación era algún día llevarme el premio mayor, a Clarita. Así que pasaba gran parte de mi tiempo, metiendo unas moneditas y viendo como desafortunados y suertudos entraban y salían constantemente. Digamos que esa parte no era de mi agrado, y con el paso del tiempo ya no era tan grato pasar mis horas contemplando como personas de todo tipo, vaciaban sus bolsillos, apostaban sus tragedias a un numero, un color o una figura depositando en ese instante del azar las esperanzas de conseguir dinero sin esfuerzo. Pero bueno trataba de concentrarme en lo mío, que era conquistarla.
Clarita cubría un turno de 10 horas, que empezaba a las 2 de la tarde y finalizaba pasando la media noche, bueno a ella, la conocí por un amigo, el mismo por el cual conocí las maquinas del casino y bueno como las conocí al tiempo podría decir que ambos vicios se fueron desarrollando en mi simultáneamente, por suerte hoy en día puedo decir que ya abandone uno de ellos, el otro digamos que no lo olvide del todo, simplemente lo reemplacé por uno donde no pongo en juego mi dinero. Y bien, "Costa" era un man que conocí durante mis primeras semanas en la Universidad, era un costeño de ranca mandaca como dicen por allá, el pelao era de una familia de contadores y economistas por lo tanto desde pequeño tuvo acceso al dinero, solo que el "costa" eligió el lado fácil del manejo del billete y bueno el tipo básicamente era un apostador de tiempo completo. No había cosa que no apostará, hubo un punto en que ya era molesto para mi como para los demás, para Clarita y para los muchachos que frecuentaban el lugar. Lo molesto no era tanto su obsesión con las apuestas, sino la actitud que tomaba, el tipo cambiaba totalmente, yo creo que lo hacía para aumentar su ego pues cuando ganaba, no paraba de echarse flores, y cuando perdía rara vez aceptaba la perdida como un caballero, a menudo inventaba excusas, incinuaba que habian trampas o solicitaba una revancha.

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