Una noche cualquiera salí de clase pasadas las 10 de la noche, baje un par de calles como era costumbre para llegar finalmente a la carrera 13, donde pasaba un colectivo que me llevaba todas las noches a casa, naturalmente era una ruta congestionada por estudiantes y trabajadores que terminan turno a esa hora víctimas del precario sistema laboral que rige este lindo país. Generalmente de 10 a 10:15 pm, sucedía lo siguiente, si llegabas a coger el bus, te tocaba de pie, cosa a la que nunca me he logrado acostumbrar en esta ciudad pues aparte de lo incómodo, estos choferes, atiborran el bus de personas hasta que no quepa siquiera una aguja y de ahí en adelante el viaje se convierte en una tortura pues estos señores se dedican a chancletear esa vaina (los colombianos entenderán esta expresión- traducción: acelerar al máximo) hasta no dar más, mientras los pasajeros de pie se chocan unos con otros emulando en un pogo digno de un toque de ingrand en rock al parque.
En fin, como yo ya era un zorro viejo manejando esas situaciones me quedaba unos 15 o 20 minutos departiendo con compañeros a las afueras de la universidad mientras quemaba tiempo para después coger la buseta desocupadita, o bueno, por lo menos con asientos disponibles, no recuerdo muy bien con quien me quede ese día hablando carreta, el caso fue que nos pasamos de saliva y cuando me percaté ya eran las 10:35, así que me preocupe y baje a paso acelerado hacía la peligrosa carrera 13 por toda la calle 60.
El bus se demoraba un poco en pasar y ya que había una jauria de barristas merodeando sobre la trece, lo cual triplicaba la inseguridad que de por sí tiene esta frecuentada avenida que generalmente esta colmada de habitantes de calle, travestis, jibaros, travestis jibaros, calibradores de rutas, calibradores de llantas, vendedores ambulantes, taxistas, ladrones, prostitutas, prostitutos, uno que otro policía mal parqueado, ah obvio y un par de estudiantes dando papaya (el caso mio). Viendo este paisaje tan desesperanzador decidí entrar a una cigarreria ubicada en la esquina de la 60 con 13 costado occidental, recuerdo que me ubique en una especia de barra que había contra la pared y desde ese punto ciego, los que pasaban por fuera no te veían, pero tu si tenías una vista privilegiada que daba al norte, lo que te permitía ver el bus desde lejos, así que me ubique donde era, tome un par de cervezas mientras esperaba el bendito 114, calculo que se tuvo que haber demorado una media hora aproximadamente por que alcance a beber varias "costeñitas" y a fumarme un par de tabacos.
Por fin paso el bus, lo tomé y efectivamente habían varios puestos vacíos, cosa que me alegró, así que me ubique en el costado izquierdo contra la ventana masomenos a mitad del bus, el chofer obviamente empezó a pararle a todo el que le estiraba la mano, y el bus se empezó a llenar paulatinamente. Yo iba un poco distraído mirando por la ventana las azoteas de los edificios, es una costumbre que siempre he tenido cuando viajo de noche en la ciudad, me gusta mirar hacía arriba, no se imaginan todo lo que uno puede descubrir, he sido testigo de escenas bizarras que no mencionare en este texto, supongo que la gente que vive en pisos altos cree que nadie los observa por eso se desinhiben y a lo mejor hacen cosas que no harían si vivieran en una planta baja, o por lo menos esa sería mi lógica si yo fuera un poblador de las alturas, lo más habitual es ver personas fumando, si fumando cosas, leyendo, tal vez mirando a la nada, solo contemplando el paisaje mientras hablan por teléfono, parejas tocándose, o digamos explorándose mutuamente (no me extenderé en este punto, pero es bastante frecuente, como dijo la reina, hombre con hombre, mujer con mujer..), gente discutiendo (algo muy típico a esa hora, no se por que, pero siempre he pensado que de 10 a 10:30 es una hora propicia para armar una discusión (si vos articulas una riña o una polémica a esta hora, lo más posible es que tu interlocutor te copie la idea y ambos se enfrasquen en un bonito altercado) a pesar que no se circunscribe solo a este espacio, (debe ser muy peligroso discutir en un balcón pasadas las 10, ahora que lo analizo detenidamente, podría fácilmente ser víctima de algún atentado contra la salud física simulando un mero accidente, la noche definitivamente es cómplice de actos irracionales) y helechos muchos helechos.
Bueno como ese día se me habían olvidado los audífonos en la casa, mi labor en ese bus consistía básicamente en espiar por la ventana a los habitantes de las terrazas y componer posibles historias en mi mente sobre lo que pasaba en dichas terrazas, a menudo me inventaba diálogos sobre lo que podían estar hablando o imaginaba las circunstancias por las que podían estar pasando las personas que de pronto aparecían. El viaje era agradable, el conductor aún no había llenado el cupo, así que iba a una velocidad decente, por ende yo iba concentrado en los terceros, cuartos y quintos pisos que eran los que lograba ver con más claridad (además, sobre esa avenida no hay edificios muy altos). De repente siento una presencia a mi lado, giro mi cerviz 120° a mi derecha, y veo una pelirroja (me matan las pelirrojas, en demasía) sentándose a mi lado, acomodando su bolso sobre su regazo y arreglandose el cabello mientras trataba de buscar su reflejo en la ventana, la mire por unos pocos segundos y me sonrió dulcemente.
Al ver esa sonrisa, atrás quedaron los ridículos diálogos imaginarios sobre los habitantes de los balcones y toda esa sarta de pendejadas que me inventaba para hacer del trayecto algo no tan plano. Y solo pude decir complacientemente:
--Hola, que tal
A lo que ella responde con un suave tono de voz las siguientes palabras:
--Hola como estás, estuvo buena la rumba?
Yo me desubique un poco, no era la respuesta que esperaba, así que replique:
--Cómo, qué rumba?, no entiendo, me perdí.
Y mientras hacía esta pregunta tan obvía, caí en cuenta que tenía un tufo de cantinero cosa espantosa, sumado al buso de lana de alpahaca que recogía todo el humo de los pielrojas que me había fumado momentos antes de coger el bus, (fuck) así que me anticipe a su respuesta e improvise de momento:
--Uff si, tu sabes este chapinero no descansa, levante mis cejas y esboze una sonrisa
Por lo que pude intuir, ella también se había tomado un par de cervezas antes de subirse al bus, porque asentó con la cabeza, seguidamente, me estiro la mano, sonrió tranquilamente y se presentó
-- Mucho gusto, Carolina
-- Un placer conocerte, Andrés, como te va
Y justo cuando me voy aproximando a tocar su mano delicadamente para sellar dicho preámbulo, de pronto un fenómeno físico poco común hace su aparición en medio de este bus; siento un corrientazo que empieza en mi dedo anular y termina en el huesito de la risa ubicado en el codo, (si ese mismo, que lo pone a uno madrear cuando se golpea) naturalmente como una reacción nerviosa me eche para atrás y dije con vehemencia:
--Ay jueputa
Carolina sonrió, ella estaba muy tranquila, al parecer la carga eléctrica no le afecto en lo más mínimo. Y me preguntó:
--Que paso jajaja, estás bien?
--Qué, si si, tú no sentiste nada, mm, ok, olvidalo, oye pero que tienes en esa mano que me electrocutaste.
Soltó una carcajada y dijo
--no nada, como se te ocurre, oye que gracioso, ven y tu a que te dedicas
--Yo estudió allí arribita en la ____________
...y bueno, empezamos a hablar, como cuando dos completos extraños se conocen en un bus, intercambiamos información personal, supe que la chica era economista y trabajaba en la bolsa, lo cual se notaba pues vestía muy elegante, sastre negro impecable, tacones, un bolso muy sobrio y el cabello perfectamente peinado, mejor dicho, antes de que me respondiera a que se dedicaba ya lo intuía, tenía que ser de alguna carrera administrativa, tenía pinta de gerente de una sucursal de una entidad financiera o algo por el estilo, me gustaba su estilo, estaba a pocos semestres de graduarse y obviamente no todo podía ser perfecto, la pelirroja electrocutadora tenía pareja, pero bueno, era una embarrada a medias, pues es el novio vivía en Irlanda- cosa que en un comienzo no creí de a mucho
A medida que hablábamos, yo sentía un magentismo raro entre ella y yo, como una corriente eléctrica en el aire que hacía que mi piel se erizara y me mantenía alerta con esta chica, en las pocas cosas que descubríamos en el discurso del otro, encontrábamos varios puntos en común, eramos muy similares sobre todo en la forma de pensar, reímos mucho, creo que le conté un par de chistes flojos, tenía buen humor la chica pues se rió de todo mi repetido repertorio, muy risueña, punto a favor, entre chiste y chanza aproveche para pedirle el teléfono (bueno, el numero de la linea-cabe la aclaración) ella accedió y quedamos en salir un día de estos a rumbear, la conversación iba por buen rumbo cuando de momento se desgajo un tremendo aguacero, enormes gotas resbalaban sobre el vidrio templado de las ventanas mientras ambos intercambiábamos experiencias y pensamientos.
De repente, empezó a tronar, tronó como nunca, o bueno que yo recuerde, el caso fue que esta chica le tenía pavor a los truenos (Gracias Dios) pues cada vez que sonaba uno, me tomaba el brazo con sus blancas y pecosas manos, mientras yo con la maleta sobre las piernas y los brazos descansando sobre la misma cruzaba los dedos para que tronara todo el camino, si era posible para que tronara toda la vida y que ojala el tiempo se congelara producto de algún extraño fenómeno climático producto del calientamiento global (jódete al gore). Al cabo de un rato cesaron los truenos y cayeron dos relámpagos seguidos muy fuertes, el segundo en especial ilumino una buena parte del firmamento. No recuerdo con claridad que dije en ese momento pero algún juego de palabras me invente con los relámpagos y el corrientazo que me propino ese encuentro casual en un bus, a lo cual, ella respondío con una hermosa sonrisa rojiza diciendo:
--Eres muy ocurrente Andrés, me caíste muy bien
--Ocurrente?? repetí yo con una risa de idiota complaciente, y tu eres muy eléctrica mujer.
--Oye tu no me dijiste que vivías por estos lados? dijo carolina.
Salí del embelesamiento en el que andaba, me encontraba caminaba sobre sus labios, fotografiaba cada fina peca que adornaba su rostro, me colgaba de sus encumbradas pestañas color carmín, pero bueno, la chica tenía razón, por andar volando en universos inventados, me iba pasando de la parada, así que tome mi maleta, me la colgue y empece el rito de la despedida (no creo en las despedidas rápidas, para mi son un ritual) así que dije
--Bueno, me encanto conocerte pero como todo lo bueno se acaba, por acá me quedo yo, que te parece si te llamo en estos días y cuadramos algo, no sé, nos tomamos un café, damos una vuelta por ahí o algo.
--Claro que sí, me puedes llamar cuando quieras. Ese "cuando quieras" retumbo en mis entrañas por unos segundos de tal forma que iba perdiendo el impulso de bajarme y por un segundo pensé en quedarme acompañandola hasta que ella llegará a su respectiva parada y después tomar un bus de vuelta, pues lo único que quería era alargar los segundos a su lado para seguir recargándome de esa energía electromagnética que esta carolina conducía sobre mis polos.
--Bueno, ahora si te dejo, feliz noche carolina y pilas con ese flujo de cargas, no se que un día de estos fundas a algún cristiano (esta palabra la utilizó sin fines religiosos, es solo una categoria que aplico arbitrariamente para designar a cualquier ser humano). Bien, ella, giro su cuerpo 180° hacía el pasillo para que yo pudiera salir, así que salí lentamente y antes de abandonar totalmente el asiento, me decidí y la embestí con un pico esquineado que llaman acá en Colombia, al cual ella respondió sin ningún tipo de restricción, sonreí y me dirigí a la puerta trasera, timbré, espere a que parará el bus pero con el cuerpo orientado hacía ella y la mirada puesta en el espacio que hay justo entre sus ojos y donde inicia la curvatura de la nariz, ella sonreía apaciblemente y sostenía su mirada firme sobre mi, el bus paró, me baje lentamente y no me percate que había parado justo al frente de un gran charco, no tuve más opción que mojarme los zapatos, bueno y de ahí en adelante es otra historia, al bajar de ese bus fue como si me hubieran arrojado la dimensión desconocida (había olvidado por completo que estaba lloviendo muy duro, que no tenía sombrilla y que tenía que atravesar una glorieta entera sin escampaderos), así que me tocó lavarme, mientras mi mente seguía en ese asiento de bus recibiendo grandes cargas de electricidad escarlata, cuando finalmente estaba abriendo la puerta de la casa presto a entrar a secarme, el cielo destello un ultimo relámpago, un rayo insignificante, corto en longitud pero resplandeciente, equivalente al tiempo que compartí con ella.
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