Atrás iba quedando el ajetreo de la Calle Cañizales, ahora sus pasos se abrían camino por el anaranjado adoquín que sostenía los pesares de algo mas de siete mil millones de habitantes que diariamente se desplazan por esta ciudad de puentes agrietados y calles empinadas. Rebecca no paraba de hablar, todo lo comentaba, parecía una vieja estación de radio que se resignaba a desintonizarse, cada diez pasos paraba y se acercaba a las vitrinas de los almacenes del centro a descubrir ropa para mujer y otros artilugios femeninos. A pesar que Rodrigo era un tipo paciente, le molestaba tener que lidiar con estas conductas compulsivas femeninas, así que volvía y la persuadia para caminar más rápido, mientras escuchaba sus evaluaciones sobre los productos que cuidadosamente analizaba . Van llegando a Casa cervantes, así que él decide llamar a Lorenzo para ubicarlo, hablan algo menos de un minuto y se ponen de acuerdo, mientras rebecca enciende un cigarrillo mentolado y se comporta impaciente.
Rodrigo, agarra la mano de rebecca y se dirigen a la torre del reloj contigua a casa cervantes, a medida que se van acercando Rodrigo consigue vislumbrar tres personas, A Lorenzo acompañado de un tipo de fina estampa y una mujer de esbelta figura.
- Mira nada más y nada menos, a quien me vengo a encontrar por estos lares, el propio
-Hey enzo todobien mi viejo, que bueno verte, que hacés por acá
.-Todobien Bro, por acá viendo aver que se hace, mira estoy con Juan, te acordas del hombre y mirá no más.
-Hey Juan que, como vamos, todobien, ratico sin vernos no
-Y tu eres?
-...Sahara.
-Como te va, un gusto conocerte.
Rodrigo le extiende la mano y la toca suavemente, mientras se acerca y le da un breve pero diligente abrazo, acariciando en el aire las colinas celestes de su mejilla izquierda. Todos se presentaron, cruzaron palabras en una breve conversación sin trascendencia mientras decidían hacía cual taberna los llevaría la noche. Hubo un par de propuestas de las chicas pero siempre habían contraposiciones entre ellas mismas, por lo cual fue un dilema ponerse de acuerdo. Rodrigo poco intervenia solo sonreia, fumaba su cigarro y detallaba cada pincelada de esta eva postomoderna que había acabado de conocer.
Finalmente, decidieron entre los hombres, ir a la barra del grillo, una gran cantina que quedaba a un par de cuadras conocida por la afluencia de universitarios de todos los matices, artistas callejeros, y todo tipo de especímenes bebedores que alberga esta concurrida zona de la ciudad. Rebecca tomo la mano de Rodrigo, mientras cruzaba palabras con lorenzo quien quedo encantado con los pechos de ella, mientras sahara y juan iban al lado de rodrigo conociéndose entre risas y palabras al azar. Rodrigo, estaba como hipnotizado, perdido entre esos pasos a son de tacon, vagando en el movimiento de cadera que desplegaba sahara al caminar, el bamboleo de sus cabellos se confundia con el color de la noche, con las sombras de las avellanados pasillos que transitaban. Sahara y Juan se adelantaban un par de pasos, rodrigo participaba de la conversacion con rebecca y lorenzo, mirando de reojo la figura de Sahara, como vigilandola. A lo que ella, volteo y pregunto:
- Por donde es, por aca?
Cuando ella giro, Rodrigo soltó la mano de rebeca en un fluido movimiento y sonrió, rebecca se adelanto y se fue a indicarles por donde era el sitio este. Mientras tanto, rodri y enzo se ponían al dia de sus respectivas vidas, hablaban sobre esta nueva etapa en Bracalá mientras fumaban y se detenían en las figuras femeninas que desfilaban por ese pasaje, calificándolas en una escala, sus expectativas mientras calificaban criteriosamente universitarias que desfilaban por estas calles en una escala 2 al 9 que ya manejaban a la perfección. Al cabo de menos de 10 minutos de camino, llegaron a donde el grillo, entraron, y a los pocos pasos los recibía una chica rubia y despampanante que ofrecía una degustación de aguardiente a todo el que ingresaba, vestía una ceñida licra blanca con el respectivo logotipo de la empresa, dicha prenda la cubria casí que de pies a hombros, dejando descubierto su hombro izquierdo donde se apreciaba un delicado colibri en colores tornasoles. El sitio estaba a estallar, rostros de las mas variadas gamas aparecían por todos lados, envases de licor ubicados estrategicamente y un estridente ruido proveniente de una antigua rockola muy rica en material para los mas diversos gustos hacía eco en los oídos de todos los asistentes.
Mientras entraban para buscar mesas, rodrigo pensaba en que definitivamente había sido una pesima decision elegir tan alborotado sitio mientras se hundía en una atmósfera de vicios, gritos y luces tenúes. El lugar había cambiado mucho a como lo recordaba, ahora estaba un poco más iluminado y limpio, muy distinto a esos días en que compartía charlas filosóficas con cercanos y desconocidos combinando lsd, alchohol y rock & roll. Naturalmente el sitio había sido remodelado, pues compraron la casa de la lado e hicieron un segundo piso donde cabían por lo menos 80 personas fácilmente. Sin embargo, esta taberna que durante algún tiempo fue su guarida, su escape al mundo sofisticado y acelerado alienante, hoy. lo hacía sentir como un visitante más, era como si ya no pertenecíera a ese lugar.
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