Aquella mañana, Pablo acababa de llegar a su apartamento después de una larga noche de excesos, el sol ya
rompía la poca oscuridad que se reflejaba sobre su habitación, los amplios ventanales desprovistos de cortinas dejaban
entrar fugaces radiaciones solares que calentaban el ambiente, el aire acondicionado encendido en su máxima capacidad
de enfriamiento, ropa sucia, envases, bolsas y colillas de cigarrillos adornaban la matutina escena de ese 4 de julio,
entró como pudo, rebotando de una pared a otra y tropezandose con todo tipo de cacharros que agonizaban
sobre la baldosa italiana del pasillo, en su cruzada hacía la cama sufrió un desafortunado accidente, al
pisar unos minúsculos vidrios que salpicaban el camino hacía el sueño, así que como pudo se tiro sobre la hamaca
tornasolada que colgaba en la sala.
Durmió durante un par de horas, cuando depronto escucho una voz a lo lejos que pronunciaba su nombre en repetidas
ocasiones, abrio los ojos, pestañeo un par de veces, se paso la mano por la cara y se levantó dirigiéndose con cautela
hacía la puerta, no lograba apoyar su pie izquierdo sobre ningún tipo de superficie, abrio la puerta, no vio a nadie, así
que decidio salir hacía el patio contiguo y vio una figura femenina alejarse lentamente, diviso un par de colores
muy vivos arropando una mujer de baja estatura , sonrio, y gritó su nombre con ahínco, Belén, vení.
Un par de gotas empezaban a desprenderse de la atmosfera, mientras Belén daba vuelta, Pablo sintio una molestia en su
pie izquierdo, así que se sento sobre el balcón a revisar, belén se acerco y se percató de que algo sucedia, pues sobre el
cemento ...

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