"cuando cierres los ojos y escuches el rió, mi voz yace allí", estás fueron las últimas palabras que escuché de
mariana, bueno, las últimas que leí, eran la contraportada de un cuadro multicolor y pluriforme que ella me pintó
antes de abandonar mi vida por completo. "saudade", era el nombre de esa mezcla de sensaciones, experiencias,
pensamientos y anhelos que se conjugaban en un pedazo de triplex, esa pintura abstracta fue todo lo que me quedó de
marianita.
Mariana era un ángel, tal vez la mujer más maravillosa que me he cruzado, lo es, no hay duda, mariana fue un valioso
tesoro que encontré cuando yo me hallaba en un completo basurero, cansado de reciclar sentimientos falsos y
de regalar noches de estupor y humo, apareció ella, algo real en medio de toda esta superficialidad. Corta estatura,
cabellos virgenes y oscuros, ojos rasgados y facciones entre indígenizadas y acampesinadas, su iris era de un miel
brillante y su rostro era muy expresivo, recuerdo que me burlaba de ella porque sus lineas de expresión al reír eran muy
notorias, era como si cuando ella riera, se convirtiera en otra persona, su rostro cambiaba y se asemejaba al de un infante
mexicano de los setenta o algo así. Lindos senos, muy lindos, pliegues delicados, tersos, suaves y con pezones
templados, una aureola perfectamente lograda encerraba esos tiernos puntitos cromáticos. sus piernas me gustaban
mucho, hechas a su medida, perfectamente esculpidas en ese color ocre, la superficie era increíblemente imberbe y
agonizaban en un par de pies muy pequeños y un poco torcidos, pero igualmente encantadores.
Ella siempre ha sido la mujer que me ha desnudado el alma, con ella no había un libreto o un argumento que ciñiera
nuestra relación, todo era espontaneo, orgánico, lleno de imperfecciones, sin ningún afán de aparentar absolutamente
nada y lo mejor de todo, era una relación desprovista de cualquier interés, definitivamente es lo más puro que he sentido
y era en esencia, como un enamoramiento entre dos puberes, descubriendose el uno al otro, mostrandose tal y como son
sin pretenciones, sin pensar en el futuro, sin condiciones, era algo que trascendía el plano fisico, para adentrarse en
sensualidad mental y experimentar sensaciones en el plano metafísico.
Una mujer muy dedicada y rigurosa en cuanto al estudio y a sus actuaciones, muy congruente en cuanto a su forma
de pensar, actuar y decidir, coherente pero desubicada, racional pero dispersa, creo que la dispersión y el humor
fueron un par de catalizadores que propiciaron esa sublime amalgama que nos unió. Un humor exquisito la caracterizaba,
a pesar que era una mujer bastante ingenua ella poseía una gracía de angeles, la mayor parte del tiempo sonreía y
cuando no lo hacía yo intentaba improvisar cualquier payasada para develar aquella niña o niño mexicano que salía
a relucir en una risa contagiosa y escandalosa.


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