En este punto la langosta abandona su carácter crustáceo y se enfila hacía una travesía por los pasajes ocultos de su naturaleza, solo lleva consigo un saldo de tinta de pulpo de anillos azules, un ápice de diente de tiburón limón, un par de algas rojas y por supuesto su amuleto, el corazón de la ostra, brillante nácar en su estado más puro.
https://www.youtube.com/watch?v=Oh5J33KAaqw
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