Recuerdo muy bien sus ojos, me centro sobre todo en esos pozos resplandecientes que iluminan sus caminos, trochas secretas conducentes hacía mundos delirantes de nieve caliente y amaneceres florales. Como vitrales sostenían esa mirada indescifrable que no decía mucho, solo podía intuir que había sufrimiento en su interior, que lo que se escondía tras esos ventanales tornasoles eran senderos oxidados de dolor y frustración.
El marco de sus puertas sujetaba unas pestañas que bailaban incansablemente sobre sus corroídos ejes, temblaban tímidamente cuando entraban ráfagas de viento forastero, movían sutiles hilos de existencia mientras ella desesperada luchaba para mantener a la bestia adormecida, se encontraba agazapada, en un constante estado de alerta dispuesta a atacar si la ocasión lo ameritaba con tal de defender su imperturbable entorno de incierta comodidad
Había un espacio de tregua que ella tenía bien demarcado, una frontera invisible que la apartaba de los demás y que cuidaba con gran recelo, había aprendido a manejar minuciosamente la distancia, pues para ella el mecanismos de auto-conservación se basaba en mantener un espacio físico prudencial frente sus visitantes. Era algo así como una guaca, unas lucesitas se aparecían intermitentemente haciendo una especie de llamado de emergencia, y a medida que ibas ganando terreno, las luces se apagaban paulatinamente, dejandote sumido en una oscuridad silenciosa.
Recuerdo la primera vez que me acerqué, no aguante las ganas y le propine un fuerte abrazo, acariciando sus mejillas con mi barbilla, deje caer un íntimo beso en la cumbre de uno de sus pómulos, recuerdo que sentí como sus brazos desesperados empujaban mi pecho hacía atrás, lejos de su jurisdicción, pestañeo lentamente y dejo ver una criatura pérfida, atemorizada, se paso la mano sobre el rostro en señal de vergüenza y huyo despavorida hacía ese universo sideral de blancos opácos y oscuros matices que componen su habitat por naturaleza.
Ahora, el inconveniente reposa en mi regazo, tarde entendí que esa puerta nunca estuvo abierta ni cerrada, por donde tantas veces entraste llevado por corrientes de aire y por donde saliste de forma inminente con el viento en contra llegando al mismo punto, esa nigromantica puerta está ahí contemplando el sendero que trazaste, como un testigo silencioso que jamás interviene. Levantarme, abrir los ojos, mirar estas blancas paredes y ver su mirada inscrita encada objeto inanimado que pasa por mis retinas es un tormento, esta condición que hoy arrastro secuestra mi energía vital, revolviendo trivialidades e incinerando palabras nunca pronunciadas conjugan el caldo de cultivo ídeal para llevar a cabo la maestría del intento.

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